Esos malditos monstruos

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Hoy han sembrado el terror en Bruselas, pero también lo habrán hecho, con toda seguridad, en esa parte del mundo que nos importa normalmente una mierda. Día tras día matan a sus mujeres, tiran a sus bebés a la basura, golpean a ancianos, persiguen a homosexuales, abandonan a animales, bombardean a familias. En España, África, India, Oriente Próximo, China. El lugar da igual. Son los mismos monstruos sin corazón.

La genialidad de lo auténtico

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Saioa enfurecida. Llevo desde ayer con un mosqueo morrocotudo por culpa de la falta de genialidad/originalidad/creatividad/autenticidad de la gente. No soporto el plagio.

El lenguaje ¿sexista?

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La lengua española, en mi opinión, es sexista a medias. Y esto genera un problema enorme a la hora de escribir para las personas que tenemos cierta sensibilidad con los temas de igualdad.

El mundo está roto

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La semana pasada recibí la desesperación de una familia en 140 caracteres, el golpe de la mendicidad también instalada en las redes sociales.

El sentido de las manifestaciones

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Nacemos protestando. Continuamos haciéndolo a lo largo de la vida cada vez que algo colisiona con nuestros intereses de niños, de adolescentes, de adultos e incluso de ancianos.

El último suspiro de un pueblo abandonado

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El “señor de la huerta” se resiste, se aferra al pasado, se niega a abandonar al antojo de la naturaleza y del expolio la tierra en la que pasó la mayor parte de su vida.

La banca ética como alternativa

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A menudo necesitamos culpar a los demás de los problemas propios para apaciguar nuestra conciencia. Da igual que en muchas ocasiones seamos los únicos responsables, casi siempre creemos, o queremos creer, que es una causa ajena la que los motiva.

Olor a condena

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Echo un vistazo al letrero y entro deprisa. El lugar me intimida. Si la tristeza, el miedo y la soledad tuviesen un olor podría ser el que permanece cautivo entre las paredes de la antigua cárcel de Pamplona.

Smarfons y patatófonos

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Recuerdo que cuando tenía el móvil ese rojo, con teclado del de toda la vida, aunque con pantalla a todo color deslizable hacia arriba y mil pijadas más, juré y perjuré que mi próxima adquisición móvil sería un patatófono con lo justo y necesario para llamar y tener unas relaciones sociales plenas.