Objetivo 2018: ser flexitariana gracias a la comida ecológica

Dejar de comer carne. O, dicho de otra manera, hacerme . Este es uno de los cinco objetivos que escribí para 2018 con la primera luna llena del año -hice una especie de ritual-. Me marco este propósito porque con el paso de la vida he sumado cierta empatía con los animales; motivo por el cual hace ya unos cuantos años que no consumo alimentos con forma de animal. Es decir, sólo como carne fileteada o picada. Aun así, tampoco me sienta demasiado bien, así que es una tontería seguir con esa . El problema es que me encanta el jamón; y eso va a costar un poquito más.

Mi plan es seguir comiendo pescado, huevos y productos lácteos, pero asegurándome de que ningún ser vivo haya sufrido en el proceso. ¿Cómo se consigue eso? Con la comida ecológica, también llamada bio u orgánica. Además de estar más sabrosa -todavía recuerdo el sabor de las mandarinas ecológicas que me regaló hace unos años mi amigo Ximo-, es más saludable porque no se utilizan fertilizantes sintéticos, pesticidas, aditivos, ni antibióticos -aunque haya estudios que aseguren que no nos favorece-. Y, el punto por el que yo he tomado esta decisión, con este tipo de cultivo y producción de alimentos se respeta el bienestar animal. El único ‘pero’ que le pongo es el precio, aunque la cantidad de productos ecológicos que compro hoy en día es asequible.

FLEXITARIANA

¿POR QUÉ FLEXITARIANA?

El término ‘flexitariano’ engloba a aquellos que basan su alimentación en una dieta vegetariana, pero que de manera ocasional consumen productos de origen animal: pescados, carnes, lácteos y huevos. La proteína animal estaría presente sólo en un 20%; el 80 restante es una dieta vegetariana, repleta de ricas frutas y verduras. En mi caso, como ya he dicho, la idea es dejar de comer carne, sin ser flexible en ese aspecto. De hecho, ya hemos empezado a no incluirla en la lista de la compra.

Quizá en un futuro decida ser , pero ahora mismo no es un propósito alcanzable para mí. Sufro una especie de adicción al queso y no puedo dejarlo, así, a lo loco. El jamón también me pirra, aunque despedirme de él se me hace más factible. Por eso, soy realista y descarto el veganismo. Prefiero ir paso a paso y ser coherente conmigo misma.

¿CÓMO DAR EL PASO?

Supongo que lo ideal es ir a un nutricionista para que nos oriente y sustituir adecuadamente la carne. Cuando el asunto se ponga serio, seguramente lo haga. De momento, estas son mis opciones:

  • Frutas y verduras: todos los días. Como tengo en casa a un fanático de la fruta, estoy aumentando su consumo, ya que era una asignatura pendiente para mí. Ya hasta como plátanos, que estaban entre los pocos alimentos que detestaba.
  • Huevos de gallinas felices: este es un gesto muy sencillo, que me alegro de haber contagiado ya a mucha gente. Basta con perder un segundo en buscar los huevos de código cero en el supermercado: aquellos que provienen de gallinas felices -que viven al aire libre y son alimentadas con productos ecológicos y sin antibióticos-.
  • Carne ecológica: vale, ya no compro carne habitualmente, pero este es un proceso profundo -ya que he sido omnívora toda mi vida- y no sé si podré hacerlo de manera radical; así que mientras reduzco la cantidad, procuro comprar productos ecológicos. Como son pequeñas cantidades, no me importa gastar un poco más en esto y asegurarme la ingesta de alimentos de buena calidad y de animales no maltratados.
  • Muchas legumbres: un buen sustituto de la carne son las legumbres, así que en mi carro de la compra nunca faltan las lentejas, los garbanzos, los guisantes… El huevo y los frutos secos también ofrecen un aporte bastante alto de proteínas.
  • Bebidas vegetales: ya confesé en una ocasión que antes bebía leche en vez de agua y que la dejé radicalmente. Las bebidas vegetales fueron la opción que elegí para despedirme de la lactosa.
  • : si me entra un ataque de gula extrema entre horas, opto por un té. En el estudio de yoga al que fui a dar clases, ofrecían uno riquísimo: yogi tea. El típico de bolsitas, que es muy manejable para llevar a la oficina, pero con el sabor de uno hecho en tetera. Muy recomendable.
  • Cereales y semillas: he incluido en mi dieta la chía y la avena, porque tienen múltiples beneficios para el organismo. Las utilizo en el desayuno. Si os apetece, quizá un día me anime a publicar unas recetas.

Post patrocinado por www.ecoalgrano.com


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2 Comentarios

  1. Anónimo

    Hola, soy seguidor habitual de tu blog. Yo hace ya un año y medio que di el salto al vegetarianismo. Como huevos y leche, aunque esta última en forma de yogur. El día a día es relativamente fácil, el único problema es cuando sales por ahí y no es por uno mismo (yo me puedo apañar con un plato de patatas fritas), si no con la gente que te rodea. A veces es un poco incomodo que la gente esté pendiente de tí para ir a un determinado sitio o ir al otro, pero se lleva bien. Pamplona es un sitio pequeño pero se pueden encontrar sitios con alternativas vegetarianas o por lo menos con predisposición para que te las hagan o conviertan.
    Yo cuando empecé lo hice con ayuda de un gran profesional de la nutrición de Pamplona cuyo blog es una pasada.
    Saludos y ánimo.

  2. Anónimo

    Caramba¡¡¡, que sana vas a estar¡¡¡, jajaja.

    Un abrazo¡¡.

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