Cosas que no pueden faltar en tu mochila para ir de excursión

Es hora de sacudirse la arena de la playa, levantarse de la toalla, abrigarse un poquito y calzarse las botas. Ya está aquí el otoño, mi época favorita para salir de excursión a la montaña, sin la chicharra del verano ni las tiritonas del invierno y con los bosques teñidos de mil colores y ofreciéndonos moras, setas, pacharanes y castañas. Un placer para la vista y el estómago al que nadie en su sano juicio se puede negar. Imposible.

Así que es el momento de planear una buena ruta. Perderse por mi querida Navarra es una buenísima opción en esta época -es probable que pronto publique un post sobre esto. ¿Te gustaría?-. Si me lees desde otras tierras y quieres descubrir un rincón muy especial en esta estación, apunta: Selva de Irati. Doy por hecho que si eres mi paisano la conocerás de sobra. De no ser así, ¿a qué demonios esperas? Es casi un sacrilegio, oiga.

En fin, que me voy del tema. Hoy vengo a hablarte de unas cuantas cosas que los despistados -como yo- siempre olvidamos meter en la mochila cuando salimos excursión y que podrían salvarnos la vida. Si eres de los míos, coge boli y apunta. Si tu cabeza está mejor amueblada que la mía, te vendrá bien repasar el equipaje.

  • La mochila: sí ríete, pero no serías ni el primero ni el último que deja aparcado en casa lo más importante. Y no miro a nadie. Bromas aparte, no creo que vayas a olvidarla, pero es muy posible que te tomes su elección a la ligera y acabes con tus cosas desperdigadas por el suelo o con una incomoda rozadura en el omoplato por no apostar por la calidad. Existen en el mercado infinidad de marcas que pueden satisfacer tus necesidades, pero las mochilas Altus son garantía de una excursión -tanto de domingo como de travesía- sin este tipo de sustos, debido a la calidad del tejido, su capacidad de almacenaje y la comodidad para llevarla amarrada a la espalda.
  • Un pequeño botiquín: esto es lo típico que pasas por alto, porque “bah, total, vamos a dar una vuelta pequeñita, no va a pasar nada y bla, bla, bla”. ¿Y si pasa? Nunca estamos exentos de tropezar con la mala suerte. Así que estaría bien que guardases un huequito a los analgésicos (paracetamol/gelocatil) y antiinflamatorios (ibuprofeno/espidifen), el repelente de mosquitos, el protector solar -imprescindible siempre, no sólo en la playa-, las tiritas, las gasas, las vendas y tus medicamentos personales.
  • Un silbato y un mechero: te vendrán bien si te pierdes, para hacerte oír y hacer fuego.
  • Una linterna o frontal: nunca está de más, por si se echa la noche encima.
  • Una navaja suiza: te será muy útil cuando vayas a almorzar y tengas que pelar la fruta o partir la barra de pan. Además, el monte está lleno de sorpresas y quizá te haga falta para cortar alguna rama.
  • Agua y comida: mejor que sobre que que falte.
  • Una manta térmica: las típicas doradas y plateadas, como de aluminio, no ocupan nada de espacio y si llegado el momento, la necesitas, puede salvarte de una hipotermia.

Como ya te he dicho, soy un despiste con patas, así que si crees que hay algo de vital importancia que me haya dejado de apuntar en esta lista, compártelo conmigo. Y, ahora, ¡a disfrutar del otoño, excursionistas!


Post patrocinado por Mundomochilas.es 

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