Si te apetece, corre. Y cuando te canses, para

No sé si hacía frío o calor. Probablemente ni fu ni fa, porque el otoño en Pamplona es así. Era 3 de noviembre -esto lo he tenido que mirar porque mi memoria tampoco detalla tanto-, y, esto sí lo recuerdo, había quedado para con Carlos, un amigo runner que hace muchas cosas guays que no pegan nada con su cara de tipo duro y que tuvo una inmensa paciencia conmigo -¡GRACIAS!-. Bueno, el caso es que ese día no iban las piernas, ni la cabeza, ni los pulmones, ni el ánimo, ni nada. Pero me empeñé y terminé los 5 kilómetros que me había propuesto arrastrándome cual caracol y con el modo ‘refunfuñona’ encendido. Me enfadé conmigo misma. MUCHO. De pronto se me olvidó que hace 11 meses estaba en Urgencias con un tobillo mórbido que me paralizó hasta septiembre. Que Roma no se hizo en un día, leñe. Pero yo, como abducida por una amnesia repentina, erre que erre con que “lo mío no es ”, “no voy a volver a pillar la forma nunca”, “bla, bla, bla…”. Tampoco recuerdo si estaba en esos días, pero como si lo estuviese: mírameynometoques, vaya.

El caso es que la putapiiiiiiiiiiii– y caprichosa vida quiso golpearme cinco días más tarde camino del trabajo: “El corredor navarro que ha muerto en la Behobia es Txeja”. ¡NO! Que sí, el amigo de Aitor. ¡NO! Sí, sí, ese chico que siempre estaba sonriendo. ¡NO! Oye, que sí, aquel que no fuiste a su boda porque tenías otras cinco ese año y siempre te arrepentirás. ¡NOOOOO! Y la tarde se hizo eterna, aunque los compañeros tratasen de sacarme del túnel en el que me metí tras recibir la noticia: “¿Por qué con tanta gentuza en el mundo ha tenido que pasarle a él? ¿POR QUÉ? Pero si era súper deportista. Y joven. Y sensato. Y prudente. No me creo que no haya parado a tiempo. No ha podido ir hasta el límite. JODER. NO”. Y así, en bucle, una vez tras otra durante varios días. Un golpe de calor, dicen. Una putapiiiiiiiiii– injusticia, digo.

Así que el 8 de noviembre cambió todo -esta fecha sí que la tengo grabada a fuego-. No sé si recuperé la perspectiva en esto de corretear o simplemente mi conciencia runner hizo ‘click’, pero desde la Behobia-San Sebastián 2015  corro cuando me apetece y si me canso paro. Así de simple, sin más, sin remordimientos, sin intentar superarme, sin sentirme ridícula, sin arrastrarme, saltándome el no plan, parando el GPS a los 4.631 metros o a los 2.304 o a las 6.519. ¿Por qué? Pues porque corro porque me gusta, me desestresa, me inspira, me ordena la cabeza, porque no aspiro a ser plusmarquista mundial y, sobre todo, porque no quiero que me vaya la vida en ello. Y así no me va mal. Mira, aunque en cada zancada sigo siendo dura, fiable y lenta, ahora, sobre todo, soy feliz.

¡Ah! Se me olvidaba: aunque el plan sea no seguir ningún plan y gozar, sí tengo una meta: el 31 de diciembre cierro la herida. Fin de ciclo. Atentos a un ciervo en las calles de Pamplona. La asistencia de la sandía está por confirmar.

Un comentario

  1. Irene

    Ohhhhh¡,,, este año te veré por fin… Aún me acuerdo del año pasado que vi a “sandia” y me hizo mucha ilusión… Espere, pensando que el ciervo no andaría lejos… pero no lo vi…
    Este año volveremos a buscarlo entre la gente…
    Animo Saioa, ya queda menos…

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