Diario de una runner: Huelga de besugo, cardo y turrones

He pasado las Navidades con la obsesión constante de que en cualquier momento, mientras caminaba, me iba a poner a rodar como una pelota. No me gusta la sensación de ser un pelicano humano y llevar todo el santo día el buche lleno, así que ayer me puse manos a la obra y salí a correr para desintoxicarme del atracón navideño.

Ni siquiera se trata de uno de esos buenos propósitos del nuevo año, yo comencé el plan korrikolari un día cualquiera, el miércoles 6 de noviembre. Lo llamé y consiste en lograr correr 10 kilómetros seguidos sin desfallecer en el camino. En realidad, el objetivo no fue otro que devolver el ejercicio a mi vida y, durante el tiempo que conseguí ser constante, antes del parón navideño, me sentí la mujer más feliz del mundo.

El 26 de diciembre pensé en calzarme las zapatillas. No lo hice. El 2 de enero, más de lo mismo: buenas intenciones, pero cero puesta en práctica. Por fin ayer me lancé al entrenamiento y, para mi sorpresa, me sentí mejor de lo que esperaba, aunque con algunos ‘achaques’.

Aitor decidió acompañarme a pesar de su maltrecha rodilla. Correr acompañada me ayudó a no rendirme en algunos momentos críticos, en los que el besugo de Nochebuena, el cardo de Nochevieja y los turrones de Año Nuevo se pusieron en huelga y montaron una rave que para mí fue una tortura.

Decidí que como toma de contacto una vuelta bordeando Aranzadi estaría bien. Desde que nos instalamos en la Rochapea he diseñado varios recorridos que os iré revelando. Tiempo al tiempo.

El primer kilómetro me fue bien. Dos chicas que corrían delante de nosotros iban ejerciendo de liebres sin que lo notásemos. Crucé el empinado puente de San Pedro sin perder el ritmo y me envalentoné. Craso error y un amago de pinchazo que logré evitar con vítores mentales. En el , la mente juega un papel fundamental. Si cuando te asaltan las ganas de frenar consigues encauzar tus pensamientos hacia tu objetivo y te convences de que eres capaz de hacerlo, simplemente lo lograrás. Tu cabeza insuflará fuerzas a tus piernas y no te detendrás. En mi caso, además del psiquis, los mocordos también me afectan. Desde que me operaron de vegetaciones a los 8 años, vivo con un pañuelo en la mano. Esto me afecta al correr y tengo que concentrarme mucho en la respiración para no hiperventilar. Ayer fue uno de esos días en los que me esforcé para no perder el ritmo respiratorio y eso complicó el entrenamiento, aunque en conjunto la sensación fue buena.

En total corrimos 4.28 kilómetros en 26’22’’. Es decir, a una media de 6:10 min/km. Cuando apenas era un moco andante y me dedicaba al maravilloso mundo del atletismo, corría el kilómetro en 3’09’’. Ahora soy una mierdas y lo hago en el doble de tiempo. Pero no pasa nada, como dice mi madre -que es muy sabia- “la que tuvo, retuvo”. Así que seguiré intentándolo, creo que mañana.

Deja un comentario