Minifurgoperfectos en las Landas

¡Beep beeep! La bocina de una camioneta que arrastra olor a desayuno nos sirve de despertador. Son las 9.00 horas en el área de autocaravanas de Capbreton, el panadero ha llegado. Furgonetear en Francia es otro rollo, aquí nos miman.

Elegimos las Landas como destino por su cercanía -a una hora y media de Pamplona-, por la desconexión total que supone no tener datos en el móvil allí y porque es un chollito para VanVan -nuestra furgo-: no sufre persecución policial. Además, sol, playa y carril bici. Vamos por partes.

En esta ocasión decidimos instalar el campamento base en el ‘Camping car’ de Capbreton, en la plage des Oceanides. Como VanVan mide menos de 1,90 metros, pudimos aparcar gratuitamente en el parking colindante al área de AC’s (10 euros/día). Como siempre que visitamos la zona, la discreción tuvo premio y nadie nos molestó -ni multas ni llamadas de atención-. Para quienes vayan a montar el chiringuito, mejor que paguen y también tendrán agua y electricidad. Eso sí, el panadero y el baño son para todos, amigos. Las mierdas flotantes que atascaron el inodoro el último día, también. Qué majicos son algunos, oigan.

Los imprescindibles en esta escapada fueron dos: kit playero + bicis. Y los planes, también pares: vuelta y vuelta al sol y paseo biker. La playa de Capbreton me encanta porque es larguísima y no tienes el sobaco del vecino a un milímetro de la cara. Además, puedes hacer turismo cultural mientras paseas por la arena porque cuenta con unos cuantos búnkers alemanes de la II Guerra Mundial. Lo que no me gusta tanto son las olacas que se gasta el mar allí. Es lo que hay si invades territorio surfer y eres una miedica intolerante al agua fría.


Sobre dos ruedas no soy demasiado valiente tampoco, por eso son un paraíso para mí también en este sentido. Hay un carril bici que parece una autopista de ancho y bien cuidado, así que pedaleando fuimos hasta el pueblo a comer unos mejillones, a visitar el mercado y a pinchar una rueda mientras el cielo amenazaba con un tormentón. Nunca falta la lluvia en nuestros . Ni las cervezas, ni las risas, ni los mimos. De menos a más.

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