Furgoperfectos: Salamanca en un día

Un cuaderno de tapas verdes y hojas cuadriculadas anunciaba, apoyado sobre mis rodillas, la primera parada de las vacaciones: Salamanca. VanVan llevaba cuatro horas pimplando gasoil; Aitor, otras tantas luchando contra su dolor de espalda; y yo, mientras, estrujaba mi imaginación en busca de un titular para un reportaje sobre fantasmas navarros que había dejado pendiente de publicar.

Fuera, el sol se escondía en la llanura castellana tiñéndolo todo de naranja. Dentro, una macedonia de melodías rellenaba el silencio que entonaba el cansancio. La Polla Records y Mattafix. En el horizonte, la ciudad universitaria, una especie de, con perdón, motel de carretera en mitad de nuestro camino hacia el Algarve portugués. Porque allí precisamente pasamos nuestra primera noche antes de comenzar la ruta portugueira.

Aparcamos en el furgoperfecto que hay junto al río Tormes, a la altura del puente de Enrique Estevan. Cenamos unos packs tapa+caña por el módico precio de 1,80 euros. Y disfrutamos de un paseo nocturno bajo las lágrimas de San Lorenzo por la iluminada Plaza Mayor, la Universidad y la Catedral. Fue una parada corta, un minifurgoperfecto en una ciudad encantadora.

Grabé un pequeño vídeo que iba a formar parte de uno más amplio sobre mis diez días de vacaciones. Pero una llamada me rompió el alma en millones de pedazos a escasos kilómetros de Lisboa y tuvimos que volver a Pamplona. Ese es otro tema al que dedicaré un post. De momento, aquí os dejo un pequeño extracto de la gran Salamanca.

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