El lenguaje ¿sexista?

Cuando creas un blog, tienes que tomar ciertas decisiones que condicionarán a la larga el rumbo de tu bitácora. El nombre, la temática, el diseño, el público al que escribiría… El lenguaje. ¿Coloquial o formal? ¿Uso la primera, la segunda o la tercera persona? ¿Me decanto por el lenguaje sexista o neutro? Y justo en este punto llegan los problemas, los debates, las feminazis y los machistorros.

La lengua española, en mi opinión, es sexista a medias. Y esto genera un dilema enorme a la hora de escribir para las personas que tenemos cierta sensibilidad con los temas de igualdad.

A) Todos los que vivimos en Pamplona vemos llover

B) Todas y todos los que vivimos en Pamplona vemos llover

C) Todos/as los/las que vivimos en Pamplona vemos llover

D) Tod@s l@s que vivimos en Pamplona vemos llover

E) Las personas que vivimos en Pamplona vemos llover

F) Quienes vivimos en Pamplona vemos llover

¿Por cuál decantarse? Un lío. Aunque en este caso yo lo tengo claro, me quedo con la E y la F por ser más neutrales. Sin embargo, reconozco que en el uso habitual de la lengua, por costumbre, es bastante probable que sin pararme a pensar formulase la A. De hecho, no me siento excluida por ser mujer en esta oración, quizá se deba a que el sexismo está tan arraigado en nuestra lengua que he terminado por normalizarlo.

Me gustaría analizar más a fondo el tema como mujer no feminista -soy alérgica a los extremos-, pero defensora acérrima de la igualdad, en este y otros campos.

En los últimos años han surgido una serie de guías del lenguaje no sexista creadas por distintas asociaciones, Comunidades Autónomas, universidades y sindicatos. El punto común en ellas reside en el rechazo hacia el abuso del masculino para designar a ambos géneros. Una opinión que enfadó mucho a los académicos de la lengua que, encabezados por Ignacio del Bosque, escribieron un informe en el que argumentaron por qué las sugerencias de estas guías “contravienen las normas de la Real Academia de la Lengua, así como varias gramáticas normativas”.

Con la discusión entre unos y otros llegó el debate y ahondando en él obtuve varias conclusiones:

1. La lengua se fue creando en sucesivas etapas de la historia en la que la mujer era invisible en muchos ámbitos. Por tanto, no es de extrañar que el lenguaje ignore el género femenino en pro del masculino en muchas expresiones, aunque sea de manera inconsciente.

2. Sin embargo, es justo reconocer que existen alternativas para dar visibilidad a mujeres y hombres, aunque no son suficientes: los desdoblamientos y la forma neutra. Este filón es el que debe explotarse para abolir el sexismo lingüístico.

3. En cuanto a la primera opción, estoy de acuerdo en este punto con los académicos. Existen frases en las que tiene sentido su uso. Por ejemplo: “No tiene hermanos ni hermanas”. Sin embargo, aplicarlo continuamente en todas las oraciones se me antoja insostenible: “Se creará un foro para que el estudiante o la estudiante pueda comunicarse con el equipo docente, los tutores y las tutoras y sus compañeros y compañeras”. Más que nada porque igual que al andar cogemos siempre el camino más corto, al hablar decimos cuidao en lugar de cuidado, bici en vez de bicicleta y niños para referirnos a niños y niñas. En definitiva, hablamos en una palabra, y esto creo que es más complicado de cambiar. Del mismo modo, desecho la escritura de los/las, chicos/as, tod@s, junt@s… El arroba me resulta antigramatical y la barra inclinada, inútil. De hecho, dudo que la mayor parte de la gente lea las dos opciones que da la barra cuando se encuentra con una.

4. Para mí, el uso del neutro es una opción factible y adecuada. Considero sexista e innecesario utilizar el masculino como género si existe un uso neutro: el hombre/la humanidad/la gente/las personas, los niños/la infancia, los alumnos/el alumnado, los ciudadanos/la ciudadanía, los futbolistas/quienes juegan al fútbol, los españoles/la población española…

5. En cualquier caso, yo en particular no me siento ninguneada con el masculino genérico (todos, nosotros, los jóvenes…) ni considero que lleve implícito un tono discriminatorio. Sin embargo, no tolero oraciones como “Los directivos acudirán a la cena con sus mujeres”. Ese es el sexismo lingüístico que más prima destruir. Lo demás es cuestión de perseverancia, no se puede lograr de la noche a la mañana pero tampoco debemos cesar en el intento. Al fin y al cabo, como dijo la escritora Laura Freixa, “es una buena noticia que el debate sobre el sexismo de la lengua se haya colocado en la agenda, como pasó con el sufragio femenino”.

6. Las miembras. Término usado en una intervención por la ex ministra de Igualdad Bibiana Aído, no contemplado por la RAE. Entonces, se armó el escándalo. Miembras. Qué estupidez, qué tonta la ministra, jiji, jaja. Me pregunto si el día en que alguien dijo “las abogadas” o “la jueza” ocurrió lo mismo. Lo que quiero decir es que los usos y costumbres de la gente terminan dando forma a una lengua y, por tanto, ésta está en constante evolución. Por eso, es probable que “la miembra” deje de ser una invención y enfile la lista de términos de la RAE, si la sociedad toma conciencia de que la mujer debe tener mayor presencia en todos los ámbitos, y no se trata de un disparate.

7. Muchos recursos propuestos por las guías del lenguaje no sexista destrozan algunas normas gramaticales. La cabezonería de algunos académicos de la lengua imposibilita un paso más hacia la igualdad de género. Estaría bien que el debate sirviese para reflexionar y realizar una revisión conjunta y profunda del Diccionario, sobre todo para la formación de las niñas y los niños, que desde que aprenden a hablar interiorizan una supremacía o minusvalía de su género.

8. Yo siempre he tratado de dar visibilidad a mujeres y hombres en Charcodelocos. Aunque las propias normas del lenguaje a veces compliquen la tarea, intento usar términos y construcciones no sexistas, y eso ya es un paso hacia el logro. Mi paso. ¿Y el tuyo?

Y me despido con la dedicatoria de un libro de Nuria Roca:

A las mujeres que se atreven a ser libres

y a los hombres que nos ayudan a conseguirlo.

Enlaces de interés | Sexo y lengua, abiertos en canal

 ¿La lengua tiene género? ¿Y sexo?

No veo qué ganamos las mujeres

Pero, ¿dónde estaba la RAE?

La Real Academia y el sexismo lingüístico

3 Comentarios

  1. sol

    Charco de locos; en mi opinión, para escribir expresiones como: “Escuela de Artesanía”, “Colegio de Ingeniería”, “Colegio de Abogacía”, “Colegio de Psicología”, “Escuela de Enfermería”, “Escuela de Secretariado”…etc, no hace falta ninguna guía de idioma no sexista.
    No hay más que leer un Boletín Oficial, un texto legal; donde han escrito verdaderos horrores; cien veces “diputados y diputadas”, “ciudadanos y ciudadanas”, “todos y todas”; “personas enfermas”, “personas discapacitada”. Toda esta tontería, sólo por el hecho de que decir o leer palabras como “los pacientes”, “los enfermos”, “los diputados”…, etc; les hace que se desgarren las vestiduras, o que se les abran las carnes, y suelten unos bramidos y unos chillidos histéricos.
    Hubiera sido mucho mejor incluir por la Sanidad pública, en España, como una opción, medicinas como la Acupuntura, la Fitoterapia, la Homeopatía, lo de los dientes, la medicina de la columna vertebral…etc. En España, toda esa medicina es privada; en Alemania, por el contrario, se puede escoger la homeopatía por la sanidad pública.

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