Furgoperfectos: vacaciones en los Pirineos (Huesca)

Este verano tuve que resetear mis vacaciones con un plan B que Aitor improvisó mientras yo me despedía para siempre de una de las grandes mujeres de mi vida. Ella se fue sin avisar cuando nosotros viajábamos hacia nuestro plan A, el Algarve portugués. Mi chico, sin ser consciente, diseñó un viaje perfecto, porque allí arriba, en las cimas del Pirineo aragonés, rocé la nueva casa de mi abuelita Nati y me sentí en paz por tenerla de alguna manera un poco más cerca.

Día 1. Intento de Chinebral y cumbre de Acherito

El primer día me superé. Yo, que soy una montañera un poco floja, subí mi culo a 2.378 metros. Un reto para mí. Una caminata de siete horas y media nos llevó hasta la cumbre del Mallo de Acherito. Dejamos a la VanVan descansando en el refugio de Linza y, tras calzarnos las botas, comenzamos la ascensión. Para calentar, el Paso del Salto del Caballo.

Tras él, las sombras que crean las hayas del bosque de Gamueta insuflaron un poco de aire fresco en una calurosa mañana de verano. Pronto, la vegetación desapareció y comenzó lo duro, a pleno sol. Por un subidón de Monster -esa bebida taquicárdica a la que está enganchado Aitor-, nos vinimos arriba y, sin prestar atención al GPS, nos tragamos media hora de ascenso al Chinebral. Error, así que otra vez para abajo y vuelta para arriba por el camino correcto. Una pila gastada en mi diminuta batería de montañera principiante. Pero con ayuda de agua, chocolate y un empujoncito de los tres grandes que tengo allá arriba, conseguí ‘tomar’ la cima. Las vistas, increíbles, indescriptibles, brutales. La bajada, por las Foyas del Ingeniero, un cascajal del demonio que me reventó un poco las rodillas, pero el paisaje mereció mucho la pena. Así es la montaña, una mezcla de superación, dolor, alegría, satisfacción y rifi rafe psicológico que te lleva al éxtasis de alcanzar la cima y respirar el aire más puro.

Día 2. Pozas de Tacheras y Canfranc

Tras pernoctar en Tacheras, decidimos pasear hasta los Alanos. El gusanillo montañero nos tentó a subir, pero yo estaba K.O. tras la ascensión del día anterior, así que por más intención que le puse sólo conseguí encariñarme con unas ovejas que pastaban por allí. Un baño en las pozas de Tacheras fue la mejor alternativa al intento fallido de conquistar el Achar de Alano.

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Comimos “como si no hubiese mañana” por 15 euros en el camping de Zuriza -muy recomendable-, y pusimos rumbo a Canfranc-Estación. Una nueva jugarreta del GPS nos guió por un puerto del infierno que serpenteaba entre pequeños pueblos oscenses, entre ellos Aisa, a través de una carretera en la que justo entraba la VanVan.

Llegamos al destino un poco mareados y terminamos empapados. Las predicciones acertaron y catamos tormentón. Sin demasiadas opciones, decidimos resguardarnos en la furgo y leer. Cuando amainó, un cola-cao en una posada puso punto y final al día.

Día 3. Cueva de las Güixas y balneario de Panticosa

Amanecimos temprano en el furgoperfecto de Canfranc. La idea era madrugar para conseguir un hueco en la concurrida visita a la Estación Internacional de Ferrocarril. No hubo suerte, todo completo. Así que optamos por desayunar como dos campistas jubiletas en Candanchú. Sin nieve, sin esquís, pero con unas vistas increíbles y cereales de chocolate.

Para aprovechar la mañana, nos adentramos en la Cueva de las Güixas en Villanúa. A mí, que soy un poco bruja, no me convenció el lugar. Los que si me sedujeron fueron los macarrones 2.0 que cocinamos en un merendero a las afueras del pueblo. Gloria y solete.

Por la tarde, al Balneario de Panticosa. Aunque me esperaba algo más, reconozco que la oferta no estaba mal: circuito termal + cena  buffet increíble = 42 euros. Agotados, pero limpios, dejamos que las estrellas nos tomasen el relevo.

Día 4. Ibones de Ordicuso

Escondidos a una hora y media de ascenso desde el Balneario de Panticosa, los tres pequeños ibones de Ordicuso descansan rodeados de un impresionante paisaje. Un paseito muy recomendable y fácil, incluso para los más vagos de la casa.



Día 5. Cola de Caballo (Ordesa)

Instalados en un supertxoko en el Camping de Torla, nos aventuramos a conocer el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Escogimos la ruta de la Senda de los Cazadores para llegar hasta la Cola de Caballo. Los folletos advierten que la primera parte es un poco exigente, pero yo estaba ese día de subidón y superé el ascenso prácticamente sin hiperventilar (broma). Arriba, un mirador abarrotado. Como nosotros en el monte somos un poco asociales, continuamos la senda por la faja de Pelay, contemplando al gran Monte Perdido, un nuevo reto por cumplir. Al final del trayecto, nos esperaba la impresionante cascada. Volvimos por el camino más frecuentado, un sendero paralelo al río Arazas que nos regala tres saltos de agua más y un paseo por el hayedo.

Unas jarras de cerveza en Torla con un cantautor aragonés  de fondo -de cuyo nombre no consigo ahora acordarme-, completaron la agenda del día.

Día 6. Circo de Carriata y Faja Racón

Como Ordesa nos dejó un buen sabor de boca, regresamos al día siguiente para hacer otra ruta. Elegimos un recorrido circular por el Circo de Carriata y la Faja Racón, una mezcla de bosques e infinitas paredes de piedra . Sobre nuestras cabezas, escaladores.

Y colorín colorado, con una siesta en el suelo del camping este cuento se ha acabado. Una vez más el Pirineo aragonés no defrauda. Como dice mi amigo Acín: “Huesca, la magia”.

4 Comentarios

  1. Anonymus

    bravo Sasutika!

  2. Pingback: Seis tesoros que encontré en 2013 | Charcodelocos

  3. Pingback: De furgoperfectos por los Pirineos  (II) | Charcodelocos

  4. maria blanca

    Gracias por compartir… soñe por un rato mientras te leía!!!!!!!!!!!!
    Fue hermoso , me despejó… estaba tildada. no queria seguir rutina. pero esto me despejó. volves la realidad q hay más en el mundo q lo cotidiano q te encasilla o te encasillas….
    Mil Gracias… Tal vez algún día conozca la tierra donde nació mi padre ASTURIAS….. MARIA BLANCA V.Z.

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