El temor a las despedidas, a los cambios y al desempleo

Desde el pasado viernes, pertenezco a la fila más larga de España: la del paro. Mi incursión en esta nueva categoría, tras año y medio de trabajo, era probable aunque no segura desde el primer día en la redacción. Las becas acostumbran a decantarse por la probabilidad más alta, la de acabar en la jodida fila de los desempleados. Finalmente mi etapa acabó el viernes con ese destino como futuro inmediato pero tomó la forma de un desconcertante “hasta luego”. Ni siquiera sonó como un rotundo “adiós”, sino como un anestésico “quizás más adelante haya un sitio para ti”.
Sea como fuere se trató de una despedida, en todos los sentidos, y las despedidas en ningún caso son fáciles por el sabor a tristeza e inseguridad que rezuman. Es el temor a lo que vendrá y a lo que se queda atrás. En mi caso, se potenció por culpa de unos increíbles compañeros de trabajo.
El periodismo implica pasar casi más horas con tus colegas de profesión que con tu familia en casa. Así que ellos han sido literalmente eso, una segunda familia. Me han aportado la mejor base que podía obtener para lidiar en el complicado mundo que elegí como profesión, me han mostrado que soy válida para esto y que debo seguir luchando, y me han ofrecido las lecciones más grandes de cariño, apoyo y humildad, cada uno a su manera. Porque ellos son así. ENORMES.
Así que, ahora, no me queda otra que echar de menos las bromas sobre vídeo-encuestas que sólo entendíamos nosotros, las galletas Hacendado, los ratios de noticias, las quinielas y las porras, los miles de juguetes del Happy Meal decorando escritorios y ordenadores, los Búscate en la grada, las noticias de comarcas, las magdalenas con Coca-Cola, las confidencias a última hora, los Rolancica, las regalinas, los camiones volcados, el sentimiento verdi-blanco entre rojillos, los tarareos de canciones espontáneas, los BOR, el comedor social con teléfono, las cuatro paredes sin ventanas, el acento andaluz… En definitiva, a ellos: Elena, Joana, Iborra, Álvaro, Clara, Paula, Isabel, Jesi, Javier Echeverría Gambarte (broma), Fran, Belcos y Ramaris.
El viernes, entre abrazos y besos, contuve mis emociones porque es una faceta que no he desarrollado demasiado. Yo soy más de ñoñeces escritas que, además, considero igual de válidas. Así que aquí está, mi despedida a medias que tampoco es un “adiós” sino un “hasta pronto”. ¡Nos volveremos a encontrar en el camino! De corazón, mil gracias por todo.
ALOPECIA Y DISPOSICIÓN AL CAMBIO
Me estoy quedando calva y me pica de manera incómoda el cuero cabelludo sin tener piojos. Es la forma que tiene mi cuerpo de expresar que le estoy dando demasiada importancia a un acontecimiento negativo. No acaparo la exclusividad en este síntoma, los cambios emocionales importantes tienden a mostrarse en el exterior en forma de urticaria, acné, alopecia, kilos de más y de menos…
Sonrío y envío mensajes positivos a mi día a día, pero la realidad es que se me está cayendo el pelo más de lo normal. No por el otoño, quiero decir. Mi cuerpo expresa lo que alberga mi mente y tengo que afrontar que estoy asustada aunque sonría y mi actitud sea buena.
En un primer momento, cambiar de etapa acobarda. Pero el truco reside en interpretar el cambio como una nueva oportunidad. Con el tiempo nos arraigamos a lugares, personas y circunstancias. Somos comodones por naturaleza: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Nuestro refranero nos recuerda que así es. No hay quien nos mueva de nuestro adorado entorno salvo las decisiones, las propias y las ajenas. Y pese a la reticencia, resulta que el final de un ciclo y el comienzo de otro reside en la propia esencia de la vida.
Mudamos de bebés, a niños, a adolescentes, a jóvenes, a adultos y a ancianos. Nosotros mismos constituimos un complicado entramado de metamorfosis. Así que más nos vale aprender a tolerarlas. Que un cambio sea bueno o malo depende del mítico vaso medio lleno o medio vacío, de la perspectiva con la que decidamos observar.
Por ejemplo, yo prefiero creer que soy capaz de transformar lo malo en bueno aunque el camino sea pedregoso y arduo. Por eso dudo mucho que me quede calva del todo. Así que, según mi punto de vista, quizá verme obligada a abandonar mi anterior trayecto sea lo mejor que me ha podido pasar. Al fin y al cabo… ¡Lo mejor está siempre por llegar!
EL SÍNDROME DEL DESEMPLEADO Y LA AUTOESTIMA COMO REMEDIO
Desde el momento en que comprendí que me quedaba sin trabajo, comencé a crear por inercia un protocolo. Decidí al instante que no iba a agobiarme, amargarme, hundirme, deprimirme ni todas esas sensaciones que genera el paro.
Te regalo mis bienintencionadas e inexpertas normas para no caer en el síndrome del desempleado. Por si pudiera servirte.
  1. Parado no es igual a desempleado. Ambos términos se emplean para referirse a la persona que carece de trabajo. Me niego a admitirlo. Puedes estar parado y desempleado, puedes estar desempleado pero no parado y puedes estar parado pero no desempleado. Es decir, tú no eliges estar desempleado. Bueno, los ninis, sí. Pero sí decides si estás quieto mientras tanto o no.
  1. Unas minivacaciones. Tomarse una o dos semanas de descanso tras dejar el trabajo es sano, no es el estandarte del vago o el gandul. El desempleo requiere un período de reflexión y de formulación de una nueva perspectiva. La búsqueda frenética de empleo tras el paro puede esperar, de lo contrario sólo desembocarás en el estrés y en la calvicie.
  2. Tiempo para la formación. Depende de las situaciones, pero en mi caso, al carecer de asuntos económicos que me aten, he decidido buscar empleo al tiempo que me formo en nuevas disciplinas, en asignaturas pendientes que no tuve tiempo de abordar mientras trabajaba. Es una buena opción para no sentirse inútil mientras no suena el teléfono para una nueva entrevista.
  3. No rechaces ninguna oferta. No es bueno centrar la atención sólo en tu área profesional a la hora de echar currículums. Tal y como están las cosas es probable que encontrar un trabajo acorde con tu formación sea una tarea complicada a corto plazo. Sin embargo, es más fácil encontrar empleo cuanto más abierto tengas el abanico.
  4. Reforzar la autoestima. Los cambios de humor y los días bajos son habituales aunque seas la persona más optimista del mundo. Conviene dedicar unos minutos al día a quererse mucho para alargar en el tiempo la actitud positiva que te guiará hasta un nuevo trabajo.Dedica tiempo a aquellas aficiones que refuercen el concepto de persona muy válida que tienes de ti.
Y sobre todo, recuerda que no eres ni responsable ni culpable de la situación de desempleo en la que te encuentras. Los causantes de esta fila interminable cobran más de lo que merecen por un empleo del que no son dignos. He dicho.

Te puede interesar:

12 Comentarios

  1. ánimo!

    • Gracias, hermano. Ya sabes, somos fuertes. Lo llevamos en los genes 😉

  2. Sabes? Mi situación es distinta, pero en el fondo, muy parecida… Trabajo en dos sitios distintos y sigo estudiando. A principios de verano, la situación pintaba de lujo. Pasan los meses y te das cuenta de que las engañuflas no son una base. Te desengañas, el buen rollo se vuelve basura, desconfias y terminas cubriéndote las espaldas buscando trabajo de lo que mejor sabes: enseñar un idioma.

    Me veo en la decisión jodida de dar el salto, arriesgar y largarme o ganar más dinero y terminar jodidamente loco.

    No mola nada estar en la cola del paro. Pero creeme, tampoco lo es trabajar con una pistola en la cabeza. Estas semanas yo también me he visto nervioso, insomne y sin ganas.

    Al final, la única valvula de escape es ese rato diario para escribir, tocar un rato o tomar algo con mis amigos. Y silenciar el movil de viernes tarde a domingo para que nadie me moleste en el escaso tiempo que puedo estar con mi chica.

    Ser un desempleado no es fácil. Pero la gente a veces cree que mi curro es una chorrada y que encima tengo que estar montado en el puto dolar. Y no.

    Al final sólo queda eso, Saioa: el ánimo. Y confiar en que hay cosas buenas por llegar.

    • La crisis económica actual en España nos ha llevado a dos extremos: el paro o el empleo increíblemente mal pagado que muchas veces, como en tu caso, desemboca en el pluriempleo. Ambas situaciones se traducen en una población con la soga al cuello.

      Como bien dices, lo único que nos queda es el ánimo, pero no el que recibimos de nuestros allegados sino el nuestro, el que nuestra mente es capaz de generar aun en los momentos más duros.

      Por supuesto, soñaremos que hay cosas increíbles que están por llegar. Ahí reside nuestra fuerza, en que somos capaces de ser optimistas a pesar de todo… Seguiremos luchando 😉 Y tú, una vez más, también lo harás.

  3. Anonymous

    Muak

    • Gracias por el beso pequeño Tasio 😉

    • Anonymous

      Jajajaja… Se te echa de menos pequeña… Muchas gracias a ti por todo, ha sido un placer y sólo te digo… hasta luego. Por cierto… ¡¡¡estoy descontracturada!! Molto grace. ¿Qué tal esta semana?

    • Ya estoy con una ocupación entre manos, un curso de diseño digital 😀 ¡El caso es no estar quieta!

  4. Javi Echeverría

    Mi debut en tu blog!!! No será mi último comentario je je je!! En serio, gracias por todo y especialmente por esa risa tan contagiosa, que en momentos no demasiado alegres era genial. Y profesionalmente, después de leer tus palabras, estoy seguro de que, donde sea, te va a ir muy bien. Y conserva siempre el optimismo, por favor, aunque a veces no sea fácil.

    Un beso compañera!!!

    • ¡Qué ilusión, Javi! Gracias a ti por tus buenas palabras y gestos hacia mí siempre. El optimismo viajará conmigo siempre, lo difícil va a ser encontrar unos compañeros tan grandes en otro lugar. ¡Un besazo!

  5. Alberto Domingo

    Muy bueno Saioa, enhorabuena por el trabajo realizado!! (aunque en este caso no sea remunerado). Soy de los que piensan que el tiempo pone cada cosa en su lugar así que tarde o temprano (esperemos esto último) encontraras algo de lo tuyo ya lo verás.
    Besos!

    • ¡Muchas gracias, Alberto! Mientras no encuentro nada, tiraré del blog 😉
      Un beso!

Deja un comentario