Cosas de niños y amigos imaginarios

Gimnasta, bombera, escaladora, periodista, actriz, bióloga marina… Una lista interminable de futuros que soñaba cuando medía medio metro, tenía una voz de pito inaguantable y un amigo imaginario. No tenía nombre. El amigo, digo. El hecho de que lo tuviese, tampoco. Adquiría diferentes formas según el lugar en el que me encontrase: farolas, cazuelas, peluches, escobas… Hablaba sin parar con todos esos cacharros y mi madre, a veces, pasaba vergüenza. Pero sólo a veces, cuando mi amigo imaginario y yo nos abrazábamos o nos dábamos besitos. Osease, cuando me abrazaba/besaba con las farolas, cazuelas, peluches y escobas. Pero esa es otra historia…

Entonces no tenía miedo, era valiente, emprendedora, enérgica y creativa. Estaba llena de optimismo y de ganas de comerme el mundo. No levantaba ni dos palmos del suelo y era envidiablemente positiva. Pero llegó el día en que la me soltó al ruedo y dejó que me diese de leches con la realidad, que me enfadase con todos mis y, también, dejó que mi vaso estuviese a veces medio lleno y en otras ocasiones medio vacío pero nunca más repleto.

Sin embargo, hubo algo que conservé y cumplí. Y estoy segura de que era eso lo que soñaba con más fuerza y lo que a mi amigo imaginario le hizo más ilusión. En todas las cintas de vídeo rodadas por mi orgulloso padre cuando yo tenía todos esos sueños y todas aquellas ambiciones aparece una niña (de medio metro, con voz de pito inaguantable y un amigo imaginario) diciendo: “Esto es un reportaje de Saioa Rolán para informativos Telecinco”. Lo de Telecinco no lo entiendo, eso ya es cuestión de preguntarles a mis padres. Pero lo de ser periodista es, sin lugar a dudas, un sueño que conseguí.

Ahora toca recuperar las demás cosas esenciales de aquella niña y volver a ser valiente, emprendedora, enérgica, creativa, optimista y comerme el mundo, o al menos intentarlo aunque el vaso nunca más vuelva a estar lleno. Eso, eran cosas de y de sus amigos imaginarios. El siglo XXI es otro cantar.

2 Comentarios

  1. Muy bueno Saio!
    Supongo que todos dejamos atrás, en la infancia, una parte única de nosotros.
    Y sí deberíamos recuperarla!
    Un besazo y sigue así 😉

  2. Siempre he creído que de niños eramos auténticos al 100%. Es una pena que la vida nos despoje de muchas de esas cosas o que nosotros las olvidemos. En tiempos difíciles, sería mucho más fácil ser aquellos niños valientes e inconformistas.
    Un placer tenerte por aquí!
    Muá!

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